El ladrón de fotos

Desde pequeño he sido un fotógrafo frustrado.

Constantemente voy buscando encuadres en iluminaciones, personas y sitios que merezcan la pena ser tomados.

Un pecado que debo reconocer es que algunas veces robo fotos. Me fijo en la gente y descubro si alguien ha tenido una idea mejor que yo. Observo hacia dónde saca fotos para encontrar ángulos y perspectivas en las que yo no hubiese caído.

En uno de mis viajes en solitario iba buscando víctimas y aquella chica en Londres era la siguiente de una larga lista que todavía perdura hasta hoy.

Desde luego que aquella era una buena foto. La catedral de St. Paul, la típica cabina de teléfono inglesa y toda esa gente en la plaza encajaba perfectamente. Casi me daba rabia no haberla visto por mí mismo.

Como siempre esperé mi turno. Dejé que trabajara, el mérito era suyo y por lo tanto tenía todo el derecho del mundo. Cuando ella terminó salte sobre mi presa con todo.

Mientras yo me peleaba por buscar la foto perfecta, por el rabillo del ojo pude ver como ella, la víctima, sonreía de una manera pícara hacia mí, siendo testigo presencial de un robo en toda regla hacia su persona.

Una vez consumado mi crimen se acercó y me preguntó:

  • ¿Cuando acabes me podrías sacar una a mí?

Estaba tan absorto en mi fechoría que no me había fijado en ella.

Hay sonrisas y después estaba aquella. Una sonrisa amable y cálida que me dejó confuso y destemplado. Una de esas sonrisas amplias y sinceras que se contagian durante todo lo que queda de día. Sólo pude decir que sí.

  • ¿Qué salga la catedral, la cabina y toda esa gente en la plaza verdad? – le pregunté confesando mi culpa como un idiota.
  • ¡Claro! ¿A qué se la estabas sacando si no?

Me dejó su cámara, abrió la puerta de la cabina y cogió el teléfono con una mano. Llevaba unos vaqueros ajustados y una camiseta de tiras blanca. Se echó su pelo rubio hacia un lado, cayendo sobre su hombro derecho y, otra vez, sonrió de esa manera que todavía veo si cierro los ojos.

En cuanto lo vi por el visor supe que aquello sería un castigo ejemplar. Tenía ante mí la foto perfecta, me habían dado permiso para sacarla, pero nunca sería mía.

Y, lo que es peor, nunca formaría parte de ella.

Karma.

Electrocardiograma

Todos hemos tenido que pasar algún reconocimiento médico.

Levantarse pronto, no desayunar e ir a que unos extraños te valoren mediante una serie de test, preguntas y análisis. Nunca he sido muy amigo de ellos, es más, siempre me he escaqueado si he podido. Esta vez no tenía escapatoria, mi trabajo me lo exigía, así que allí estaba, a las nueve de la mañana, muriéndome de sueño, frío y  hambre.

Tras las preguntas de rigor acerca de mis hábitos y la extracción de sangre, me pidieron que me sacara la camiseta. Me tumbé en una camilla y la médica empezó a pegarme cuidadosamente los parches en el pecho para realizarme el electrocardiograma.

-Ahora respira con normalidad y no te muevas – me dijo mientras observaba su pantalla.

Hice lo que me pedía intentando pensar en algo relajante. Mi visión favorita para esos casos es la de una playa en verano, con el sol dando en mi espalda desnuda mientras estoy tumbado y hundo mis pies en la arena. A mí me funciona bastante bien.

Pasado un minuto que se me hizo eterno, me dijo:

– Tu corazón está bien, así que por eso no te preocupes.

Esa frase me sacó una sonrisa. ¿Podría ser esto una confirmación oficial?

Adiós 2016.

Adiós a buscar aprobación.

Adiós a los pensamientos negativos.

Adiós a vivir en el pasado.

Adiós a no cuidar de los tuyos.

Adiós a conformarte con la vida que tienes y no buscar algo mejor.

 

Hola 2017.

La verdad es que te tenía ganas.

Sé que nos llevaremos bien,

nos esperan grandes momentos juntos.

Mi museo de lo obsoleto.

¡Hola a todos! Bienvenidos a mi museo de lo obsoleto. Como ya os habréis dado cuenta, el acceso es totalmente gratuito. Están permitidas las fotografías y hay planos del recinto a vuestra disposición.

Antes de nada, quiero que os fijéis en la gran placa dorada que preside la entrada, que ha sido una donación de la RAE. La leeré en voz alta, por eso de que os cale más en el subconsciente:

 

  1. Anticuado o inadecuado a las circunstancias, modas o necesidades actuales.
  2. Dicho especialmente de una palabra: Que ha dejado de usarse.

 

Después de esta breve pero necesaria introducción, creo que podemos comenzar la visita. Os haré un pequeño tour por cada una de las estancias, y después os dejaré a vuestro libre albedrío.

Nada más entrar tenemos la zona más grande,  ya que recibimos nuevas piezas constantemente. En ella están los objetos que ya no uso. Los más destacados son mis canicas, mi disc-man regalo de mi primera comunión, mi neopreno y mis pantalones de rapero (sí, todos tenemos un pasado).

Si me seguís entramos en la sala de los conocimientos. Perdonad el desorden, pero desde la llegada de internet esto se ha convertido en un caos. Además están acumuladas las matemáticas desde 1º de la ESO, las asignaturas de mi época universitaria que estudié por obligación y mi nivel A 1.2. de alemán. Es gracioso, esto último lo sigo poniendo en el Curriculum por si cuela.

A continuación,  se encuentran todas mis actitudes y opiniones que he tenido y que me he visto obligado a traer. Esta es una estancia complicada a la hora de añadir nuevas colecciones, pero siempre es interesante revisar la posibilidad de ampliarla. Lo que más suele gustar es cuando me reía de mis amigos que estudiaban informática, porque les decía que no iba a haber trabajo suficiente para todos ellos. Por supuesto os recomiendo echar un vistazo a la época de la adolescencia, donde triunfa la colección dedicada al egoísmo y la chulería. He de decir que está incompleta, pero algo es algo.

Avanzamos y giramos hacia la izquierda, entrando en el área dedicada a los planes. Hay muchos proyectos obsoletos pero, sin duda, las dos grandes atracciones son mi Trabajo de Fin de Grado y mi Trabajo Final de Máster. Me duele, pero reconozco que es el mejor sitio para ellos. Mención especial para la ruta que había diseñado por Italia, a la que también había dedicado mucho tiempo y esfuerzo.

Nos acercamos al gran final, sé que lo estáis esperando, pero antes tenemos que pasar por la zona dedicada a mis pensamientos, sentimientos y recuerdos. Esta es una sala complicada de explicar. Mi inseguridad, el rencor y algún que otro viaje son las obras más representativas. Aquí guardo experiencias tanto positivas como negativas, pero que ya no me valen para nada.

Lo que sí me gustaría destacar es que es el espacio que más recursos consume del museo, pues añadir nuevas piezas requiere de un tiempo y una preparación diferente en cada caso. Os recomiendo que le dediquéis el tiempo que queráis después, porque os podéis pasar el día entero.

Y, finalmente, hemos llegado. Ante vosotros la última parada y la que más éxito tiene. Soy consciente de que algunos sólo habéis venido por esto. No me molesta, al contrario, los expongo para que sirvan de ejemplo.

Estos son mis cuatro corazones rotos, cada uno en su vitrina. Algunos pensaréis que soy demasiado joven para tener tantos en mi colección, pero los que están aquí lo hacen por derecho propio. Todos tienen historias diferentes, y estoy muy orgulloso de ellos. Eso sí, cada vez que el museo está a punto de recibir uno esto se convierte en una verdadera casa de locos. Os recuerdo que también le podéis hacer fotos, pero lo que si os pido es que no me etiquetéis en ellas en Facebook.

Como anécdota, muchos visitantes me preguntan por el quinto. Yo les digo siempre que no se preocupen, que está en buenas manos.

Y hasta aquí la visita, espero que os haya gustado.

¡No os olvidéis de pasar por la tienda de regalos!

Verano

Pensándolo bien, ninguno de los dos pintábamos nada allí. Quizá por eso empezamos a hablar.

Cuando me aburro me gusta dar un paso atrás y analizar la situación como si fuese un documental de la National Geographic. La fauna de hoy en día da para mucho.

Como me parecía que le divertía, seguí con ello:

– Esa de ahí, la del vestido blanco. Qué crees que prefiere: ¿100 likes en su daily -selfie o un vale de 50 € en una librería?

-Mmmmmmm… Yo creo que intentaría meter el vale en el cajero, a ver qué pasaba.

-Buena respuesta- apremié.

-Me toca. El de la camisa de cuadros, el que lleva las cejas más perfiladas que su novia. ¿Un título universitario o 3 meses como tronista?

– Ése es amigo mío, tiene un Máster en gomina por la Universidad de Telecinco, creo que queda bastante claro.

Me gustaba. Era inteligente y tenía sentido del humor. En estos casos pienso que es una trampa, ya sabéis, demasiado bueno para ser cierto.

La gente nos empezaba a mirar, se notaba que había feeling. Sabía lo que podía llegar a pasar en estos casos. Se da cuenta de que nos miran, alguien aparece y corta la conversación o quizá un silencio incómodo demasiado largo. Esta vez me negué.

-¿Nos vamos de aquí?

All in. Quizá demasiado pronto, pero lo deseaba con todas mis fuerzas. Su cara de sorpresa me dejó helado, pero la sonrisa de después fue lo más adorable que había visto nunca.

-¿Por qué no?

Música para mis oídos. Pedí dos cervezas y salimos del bar. Comencé a andar y, cuando creyó saber a dónde íbamos, no pudo evitarlo y me dijo:

-¿En serio? Esperaba algo más original. Yo también fui adolescente aquí. El muelle está muy bien para los quinceañeros, pero creo que ya he pasado esa época.

Yo seguí como si no hubiera dicho nada, solo sonreí. Cuando giramos y empezamos a subir noté un cierto aire de preocupación. Trató de disimularlo, aunque sin mucho éxito.

-¿A dónde me llevas?

-Todos tenemos un sitio especial, ¿verdad? Te voy a enseñar el mío. Sólo confía en mí y ten un poco más de paciencia.

Llegamos al portal, no había nadie en muchos metros a la redonda y el silencio le daba a aquel lugar un toque algo sombrío y aterrador. El edificio alto y antiguo de piedra hacía que pareciese más un manicomio que un colegio a esas horas de la madrugada.

-¿No serás un zumbado verdad? Parecías majo y eso, pero creo que debo volver con mis amigas.

– No, tranquila. Mi agente de la condicional no estaría muy de acuerdo con que hiciese esto, pero odio a esa zorra. – dije mientras pasaba las cervezas por los barrotes y las dejaba en el suelo – Sólo un poco más.

Acto seguido salté apoyándome en la cerradura y la miré desde el otro lado. Nos quedamos con el portal en el medio.

-Ahora sería un buen momento para escapar – dije.

Lo pensó, levantó una ceja y, casi arrepintiéndose, puso su pie derecho en la cerradura, repitiendo el procedimiento.

Bordeamos el edificio y llegamos al patio. Nos plantamos ante unas escaleras de emergencia que subían hasta el último piso. Mientras avanzábamos notaba sus pasos detrás de mí y el sonido que hacía al apoyarse en el pasamano de metal. Pagaría millones por saber qué estaba pasando por su cabeza en esos momentos.

Al llegar a la parte más alta me apoyé en la barandilla y le entregué una de las cervezas. Todavía no se había dado cuenta.

Al girar la cabeza y levantar la vista pudo contemplar todo aquello que el miedo le impedía mientras subía. Desde allí se podía ver todo el pueblo, el paseo marítimo e incluso la zona donde estábamos. No había ninguna nube, la luz de la luna reflejaba en el mar y el silencio era maravilloso. Se puso a mi lado y le dio un buen trago a su cerveza.

-Casi salgo corriendo.

-No me preocupa, yo tenía las cervezas. Admite que así ha sido más divertido. Tendrías que haber visto tu cara.

-Eres un cabrón, seguro que te lo has pasado bien y todo. Dime ¿a cuantas chicas has traído aquí?

-Hoy eres la primera, puedes sentirte orgullosa.

Sonrió y noté como se tocaban nuestros hombros mientras mirábamos al frente apoyados en la barandilla.

Sentí un escalofrío.

A mi futura Lois.

“Aparte de su obvia belleza, nuestra Lois tenía que ser inteligente, ingeniosa, compasiva, comprensiva, suspicaz, cínica, ofensiva, valiente e incluso temeraria.”

All- Star Superman

Me tiemblan las manos al escribir porque sé que acabarás leyendo esto. No sé cuánto tardaré en enseñártelo y morirme de vergüenza, pero será de las cosas más sinceras que podré hacer y sé que lo valorarás como tal.

Estas líneas significan que se acabó, que por fin lo he conseguido. Que doy por finalizada mi búsqueda después de tanto tiempo y tanto esfuerzo. Que tú estás aquí.

Se me escapa una sonrisa al pensar en lo afortunado que voy a ser. No te puedes imaginar todo lo que he pensado en ti, antes y después de conocerte.

He fantaseado mil veces intentando adivinar dónde y cómo nos conocimos, las conversaciones en nuestras primeras citas y cómo he conseguido que te enamores de mí. Pese a todas mis conjeturas estoy seguro de que no habré acertado ni una, porque habrás roto todos mis esquemas sólo con una sonrisa o una mirada.

Llegados a este punto habrás puesto mi vida patas arriba, haciendo que me cuestione todo lo que conocía, derribando todos mis muros y haciéndome más frágil de lo que he sido nunca. Me tendrás en la palma de tu mano y podrás hacer conmigo lo que quieras.

Lo único que te pido es que sigas siendo tú misma y que lo hagas a mi lado, porque gracias a eso estoy en paz.

Te quiero.

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Que le follen al conformarse. Nadie se merece eso. Estoy harto de ver parejas de mi edad que tienen una mentalidad de matrimonio de 60 años. Prefiero esperarte. Tardes lo que tardes sé que merecerás la pena.

Mi psicodrama con la hoja en blanco.